25 nov 2014

Maldita Ternura

FICHA TÉCNICA

Novela: Maldita Ternura.
Autor: Beto Ortiz (1986).
Páginas: 220.
Editorial: Planeta Perú (para su sello editorial Seix Barral).


Escribir es como una droga. Una vez la pruebas, deseas más y, luego de un bochornoso patinaje en las heladas calles de alguna desoladora y olvidada nota, te prometes que no volverás a hacerlo; pero ahí vuelves, como perro arrepentido, con la mirada tan tierna, con el hocico partido, con el rabo entre... bueno, ya saben. Con un deseo irrefrenable, sádico, hasta diría que rayano en la frustración de no poder oponérsele.


Hoy terminé fructuosamente de leer el afamado libro de Beto Ortiz, que titula también esta nota. Hoy también lo empecé, debo decir con cierto orgullo y algo de panudismo. Me encantaron las citas y el lenguaje relleno de replana (hay que ver, que comprendí el término replana en todo su esplendor hoy mismo cuando a la mañana apenas recordé que existía) y nunca me sentí tan profundamente encantada y escandalizada a un tiempo, con ese encanto de, sus míseras, 220 sórdidas páginas.


Estoy extasiada, emocionada y destrozada a un tiempo. Han calado en lo más profundo de mi alma con tinta indeleble. Mi idealización del amor debió ser curada, prontamente para no morir entre agónicos suspiros, con una tanda de capítulos de orgullo y prejuicio (la serie, en donde necesariamente hay una pastilla para el dolor con nombre propio: Collin Firth) y apenas y revivió lo suficiente como para tumbarse a suspirar en el balcón de mis pensamientos (o sea, bien lejos de todo raciocinio).


Debo agregar, además, ciertas citas que, en medio de mi deslumbramiento, no pude darme el trabajo de rescartar por la absurda falta de un un papel y un lápiz con los cuales anotarlos oportunamente, y la flojera de abrir una mochila difícil de cerrar (o la lejanía de la misma dependiendo el momento).



Yo estoy buscando los caminos intrincados que me conduzcan hacia tu ignota menudencia y tú lo que quieres es un inversor, un socio capitalista, exiges prestigio, confianza, seguridad. ¿Tu y yo trabajando juntos? Qué pavor. Fórmula secreta para el naufragio perfecto. Además, a falta de amor, una sociedad anónima inscrita en registros públicos termina siendo un premio desconsuelo. Acabáramos. ¿Me he pasado más de una década tejiendo una chompa que nunca te vas a poner? Plop. Murió el soyapa, por lo tanto. Buenas noches, los pastores. Tu me conoces perfectamente, no es menester marketearme contigo. Gracias por haber elegido -con tan exquisito gusto- el Aloysius Acker de Martín Adán para decirme lo que más temprano que tarde me tenías que decir: que Nel, Raquel. Tal es tu cruda verdad con ají y limón: que no me quieres ni por joder ni en pelea de perros ni un poquito. No es novedad. Pero gracias por decirlo finalmente y, sobre todo, por decirlo tan bonito.
Beto

Recuerdo de forma demasiado básica un sentimiento parecido. Ser rechazado no es fácil y ojalá que fuera capaz de escribir de forma más impersonal. No puedo, a duras penas; me enferma a menos que el escrito lo demande, para ser pleno en toda su belleza (cosa que rara vez logro). Una mirada tan cruda y directa a un rencor nacido del revanchismo no puede hacer menos que conmover mi corazón. Todos somos niños cuando se trata de amor; todos nos ponemos imbéciles, pusilánimes y el que diga que no, no es más que un pobre idiota o es que no ha amado en serio.



Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces, se le murió para siempre. A veces, misteriosamente renace. 
Onetti

Lima es la ciudad gris, nunca me cansaré de repetirlo. El vaho que siempre nos rodea nos hace quererla y odiarla, amarla y sepultarla en nuestra permanente censura. Me duele ver una ciudad hermosa tan profundamente marcada por el desasosiego. Es como la visión de una animal particularmente brioso, herido de muerte. Algo insoportable pero a la vez sórdidamente bello, como ya hice hincapié antes, de ver. El libro muestra, asimismo, una visión de la ciudad oscura y cruel, desprovista de toda piedad con belleza plasmada en forma de sátira, y acallada. Una belleza que es como la flor pisoteada mil veces encima del asfalto y cubierta de barro pero que quizá, por eso mismo, resulta el doble de hermosa al ser recogida, ya frágil, de él.



-Basura de mierda ¿Por qué has venido, ah? ¿Por qué no vendiste todo en La Cachina? //-No sé, así se usa a veces. Cuando una es bondadosa se arrepiente de hacerle chichi a los chicos chéveres. ¿Te gusta mi casaca? Regia. ¿No?// -¡Puta, qué concha tienes! //-Si tuviera concha, sería millonario.//-Respóndeme, pues. ¿Por qué haces esto, ah?//-¿Ésto, cual?, ¿devolverte tus chivas? No sé, me diste pena //-No te di pena, te di pene. Por eso has vuelto. //-Qué bagre. Un periodista de tu caché ¿cómo va a hablar así?// -Me extrañaste, cabro ratero. // -¡Jamás!//-Dímelo, mierda. // -Ay, ya. Qué espeso. Te extrañé ¿está bien? // -Ya sabía ya. // -¿Y tú? ¡Muda te quedaste! A ver, la firme ¿sí o no? //-Muda no, mudo. //-¡Dime, pues, que estás feliz de verme! //-Puta, Ronny, no te hago nada, ¿sabes por qué? // -¿Por qué, pichulona, por qué? //-Porque me gustas como mierda. Franco. //-Ya, ya, ya, carga tu costalillo y camina nomás, maricón fofo.
Beto 

A veces, partes de nosotros se mueren para siempre. No porque no las cuidemos o porque las amemos menos. Tampoco porque hagamos cosas malas. Simplemente, uno crece, uno va mirando cosas. Uno va dándose cuenta que no todo era tan bonito y que el príncipe encantador probablemente ya tenía una princesa del reino vecino en la mira; porque esta bien bonita y también tiene apellido compuesto. Nah, son huevadas; aquello sería demasiado simple. Probablemente, Encantador, creció convencido gracias a sus padres y a su medio que merece lo mejor y que no esta para desperdiciar su tiempo en tonterías; probablemente quiera una colección de ferraris antes que una novia. ¿Quién querría entonces salir con alguien tan insulso? A menos que esté bueno claro; ahí sí varias tiran al diablo su parecer, su percepción de lo que un hombre debe ser, su moral y toda su ondita de mosca muerta y se abalanzan cual bestias al acecho de una apetitosa carne de venado. Sobre todo, si está tierno.



-¿Aló, buenas tardes, con Beto Ortiz, por favor? // -Él habla. // -Beto, ¿cómo estás? Te habla Lucy Borgia. //-Hola Lucy ¿cómo andas? // -Aquí, cholo, te he llamado porque quiero hablarte de algo un poco delicado... // -Tu dirás. //-No sé bien cómo explicarte, podemos hablar con confianza ¿no es cierto? // -Seguro. Dime nomás. // -Mira ve, es en relación a este chiquito, Erik Padilla. Sabes de quién te hablo, ¿no? // -Sí, claro. // -Okey, te voy a ser bien franca, mira, yo sé que ustedes se llaman por teléfono, se ven y que se han hecho muy amigos. // No sólo con él, con varios de los chicos... // -Pero digamos que con él, especialmente ¿no? //-¿Te molesta? //-No, no es que me moleste, cholo, lo que pasa es que este es un chico muy especial. // -Claro que sí. // -Es un menor que está siendo tratado por psicólogos de la institución porque se encuentra en una etapa crucial de su tratamiento de readaptación a la sociedad. // -Ajá, ¿y te parece que soy una mala influencia para él? //-No, no, no quise decir eso, lo que pasa es que creo que, de alguna manera, tú, sin querer, lo podrías estar condicionando a establecer ciertos patrones de conducta que no van acordes a su desarrollo psicosocial.

Bastante esfuerzo, diría yo, para una línea.



-Lucy, Lucy, no sé para qué te pules tanto ¿a dónde quieres llegar? // -Todos sabemos de qué pie cojeas, Beto. // -Del mismo pie que tú. // -¿Cómo dijiste? // -No, no, nada, olvídalo. ¿Qué necesitas, Lucy Borgia? // -En mi calidad de tutora de los chicos, necesito pedirte que no vuelvas a ver al General. // - No veo por qué. // -Porque no voy a permitir que me lo malogres, ¿okey? Así de claro. // -¿Qué te parece si mejor se lo preguntamos a él y que él decida? //-Él no decide nada. Acá la que manda soy yo y se acabó. //-Qué democrática. Mandarás con tus pirañas, conmigo no. //-Mira, papito, tú eres muy libre de hacer con tu vida como te dé gana y, es más, si andas saliendo con el Chucky o con el Petete, no me interesa, esos ya no tienen remedio, allá ellos, pero eso sí, tu con Erick no te metes, ¿entendido? //-Uyuyuy, ya pareces una novia celofán. //-¡Escúchame bien, cabrito asqueroso!, ¡Tú no tienes idea de con quién te estás metiendo!, ¡vuelves a verte con él una vez más y te armo tal escándalo, pero tal escándalo que no van a quedar ni tus cenizas, ¿entendido? // -Veremos quién arma el mejor chongo entonces. Manco no soy. Y no te olvides quién es el que tiene las cámaras aquí. //-¿Y a quién piensas tú que le va a creer la gente?, ¿a una madre de familia como yo o a un pobre maricón de mierda como tú? // -Ya jubílate, ninfómana. Ya fuiste. //-¡Pervertido del diablo!, ¡violador!, ¡te voy a destruir! //-Haz lo que quieras, puta vieja.
Maldita ternura

¿Por qué me gustó particularmente la obra? Debe haber sido porque fue capaz de plasmar, de forma clara aunque se las arengue de caótico, un dolor tan indescriptible como errático, que se combina fácilmente con la comicidad, la ira, el cinismo y el sarcasmo, todo en un sólo y bendito ser. En un país en donde el noventa por ciento de la sociedad se la da de católico practicante, respetuoso trabajador y seguidor de las leyes, las líneas de Beto resultan de una frescura y una honestidad alucinantes. Bien fácil es defender lo indefendible, pero fascinante es salir a decir: A ver, vengan a tirotearme pendejos, si se creen tan machitos.



Lucy Borgia: Continúa viviendo de su organización. Tras cerca de 1500 denuncias en su contra, sus casas fueron clausuradas en Lima. Actualmente opera en una playa en las afueras de la ciudad donde ha seguido siendo objeto de denuncias hasta el 2013. Sus egresados continúan poblando las cárceles peruanas. 
Julio - 2014 

Antes solía pensar que la felicidad estaba al alcance de la mano. Que todo lo que necesitaba en este mundo, era un rincón cómodo y rico, en donde acomodarme y salir de viaje para respirar aire puro cuando pudiera: todo lo necesario, en suma, para ser feliz, por mi cuenta, y de extensión pase al área familiar, de taquito nomás. Soy de naturaleza cohibida, más bien cerrada, en donde hay que abrirse paso con alfileres de punta roma (no existen, pues). Por eso me siento profundamente escandalizada, actualmente, de mi facilismo en el pasado. No pues, vivir para ser feliz es de putos conformistas. No voy a zafar cara (o... ya saben) tan fácil; bien relajado sería vivir dándole la espalda al dolor y a la desgracia ajenas.


Pero no puedo; me criaron con valores demasiado amables.


Y he llegado a la conclusión de que antes me muero pobre, arrugada y solterona, que conformarme con un rincón del planeta en donde vivir de chiripa, sin haber encarado la pus que supura esta ciudad de mierda, que, aunque desahuciada, me causa, tal cual el título de la obra, la nota y la actual escritura en alguna parte de mi alma, una maldita ternura. No, antes sacrifico mi felicidad que mi pasión desbordante. He dicho.

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